¡Barriga llena, corazón…relajado!

Se ha demostrado que lo que comemos a diario y las condiciones en las que lo hacemos, ejerce una influencia notable en la calidad de nuestras horas de sueño.

Algunos alimentos favorecen un buen descanso como el pan, la leche, los cereales, la miel, las papas, la pasta, la lechuga, el aguacate, el pavo, el plátano.

Desde hace años se cree que niño tome un vaso de leche caliente antes de acostarse para dormir mejor. Hoy sabemos que los lácteos contienen una sustancia (el triptófano) que favorece la inducción del sueño. Pero como hay alimentos que ayudan a dormir mejor, también existen los que hace lo contrario como el chocolate o té, los espárragos, los embutidos, los quesos, los pimientos y las frituras.

Por ello intenta que la cena contenga alimentos relajantes y que sea la cantidad justa para cada miembro de la familia. La hora para cenar es muy importante para que le dé tiempo a hacer la digestión antes de irse a la cama. De este modo, es recomendable que el pequeño cene al menos dos horas antes de irse a dormir. Intenta que sea una cena ligera para que la digestión se haga mejor y el niño no tenga problemas por la noche. Hay que tener en cuenta que con el estómago lleno, el descanso es más complicado. Pero tampoco debe ser escasa, ya que si le entra hambre en medio de la noche se despertará. También es positivo para los niños participar en el proceso de elaboración de la cena. Asígnale tareas según su edad, como poner la mesa o recoger, lavar las verduras, etc. Aunque llegues cansada, debes hacer tiempo para comprar adecuadamente y preparar una cena sana y variada.

Recuerda que eres el ejemplo de tus hijos, así que todos deben comer saludable, ya que ellos imitan todo, incluso la forma en la que nos alimentamos.

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