El riesgo de ser un fumador pasivo

Hace unos años se pensaba que sólo las personas fumadoras se veían perjudicadas por este tipo de sustancias nocivas, sin embargo, los últimos años se han realizado varios estudios que han demostrado que todo aquel que se encuentre en contacto con ellas puede verse afectado, lo que ha llevado a cambiar las leyes en cuanto al consumo de tabaco en los lugares públicos (hospitales, centros de trabajo, transportes públicos, etc.). Sin embargo, aún queda mucho por hacer.

Un fumador pasivo es aquella persona que, pese a no consumir directamente productos derivados del tabaco, aspira las sustancias tóxicas y cancerígenas provenientes de su combustión y propagadas por el humo que se desprende de la misma. Además, está 100% científicamente comprobado que ser fumador pasivo es tremendamente perjudicial para la salud, en especial para la de los bebés y niños en proceso de desarrollo y crecimiento. Y evitar este perjuicio empieza por la actitud que los padres y familiares cercanos tomen cuando estén cerca de personas que fuman (sobre todo si son los mismos padres y cuidadores los que lo hacen).

Según las últimas investigaciones los niños expuestos desde pequeños al humo del tabaco tienen mayor propensión a contraer enfermedades respiratorias tales como infecciones en los pulmones (bronquitis y neumonía), asma y otitis. Exactamente, padecen un 70% más de infecciones respiratorias y catarros que los no expuestos al humo del tabaco. Estos problemas de salud pueden llegar a ser crónicos o recurrentes. También los niños padecen más dolores de cabeza, de laringe, carraspera, ojos irritados, mareos, náuseas, falta de energía, caries e irritabilidad.

A pesar de que hace mucho que se tomó conciencia de que fumar embarazada es perjudicial para el feto, se ha publicado hace poco un trabajo que indica que el 30% de las mujeres embarazadas no deja de fumar. Y de las que lo dejan, el 50% volverá a fumar después del parto, más tarde o más temprano. Fumar durante la gestación (aunque se reduzca al mínimo la ingesta de humo) aumenta el riesgo de parto prematuro, bajo peso, retarda el crecimiento. Y una vez el bebé ha nacido, respirar aire contaminado incrementa las posibilidades de muerte súbita del lactante, así como de padecer las enfermedades antes mencionadas.