¡Gritos y más gritos!

Alrededor de los dos años de edad, comienza a desarrollarse en el niño una nueva etapa basada en el negativismo y la necesidad de independencia, lo que los llevará a verse capaces de afrontar sin ayuda las nuevas situaciones, provocándoles un estado de frustración si no consiguen su objetivo, acudiendo así a los gritos para llamar la atención de los padres. Además, esta temida etapa para muchos de los padres lleva asociado un desafío a las normas establecidas por los progenitores, lo que convertirá a los niños de esta edad en pequeños rebeldes berrinchudos.

La intensidad de esta etapa es diferente en cada niño, pero hay que tener en cuenta que la mayoría de ellos recurrirá al grito por considerarlo una manera eficaz, rápida e incuestionable para obtener la atención de los padres, ya sea para bien o para mal; por lo que habrá niños que utilizarán el llanto para reclamar atención y conseguir lo que desean exclusivamente, mientras que otros se pasarán el día entero gritando porque les agarras o no en brazos, por la hora de comer, por tener que marcharse del parque o de una fiesta, etc.

Aunque en un primer momento los padres lleguen a desesperarse, queriendo únicamente gritar y castigar a los pequeños, hay que saber cómo actuar correctamente para que esta rebelde etapa sea temporal y no llegue a convertirse en un comportamiento habitual en los niños. Ante todo, no cedas a sus caprichos, ten paciencia con él, no lo castigues ni lo insultes y menos apliques tú también un tono alto para dirigirte a él, y finalmente proponle otra actividad que pueda resultarle atractiva.