Durante el primer año de vida, los bebés aprenden diferentes maneras de desplazarse.
A los seis meses descubren que pueden pasar por si solos de la posición boca arriba a boca abajo, y alcanzar sus propios juguetes u otros objetos. Después desarrollarán su capacidad de locomoción y durante uno o dos meses, en torno a los 8 o 9, descubrirán que pueden desplazarse arrastrándose con su cuerpo, para ir, poco a poco, mejorando hasta alcanzar el gateo, una etapa que resulta muy importante en su desarrollo motor ya que les aporta múltiples beneficios musculares y cognitivos. Es por ello que resulta fundamental que papás y mamás intenten favorecer al máximo esta práctica entre sus hijos.
Algunos bebés no gatean nunca y comienzan a caminar sin pasar por la fase del gateo.
Pero es importante saber que por medio del gateo el pequeño entrará en contacto con el ambiente que le rodea, aprenderá a captar el espacio y podrá descubrir diversas sensaciones.
El gateo favorece una correcta formación de las caderas, de forma que cuando el niño se ponga de pie las caderas se encuentren mejor preparadas para soportar el peso de todo el cuerpo.
También mejora la coordinación ojo-mano. Este aspecto es importante ya que influirá en las destrezas manuales.
El movimiento del gateo fortalecerá sus músculos, articulaciones y tendones. Además, irá adquiriendo la capacidad de coordinar sus movimientos, lo cual le permitirá un mayor rendimiento físico y una mayor competencia.
El gateo ayuda al desarrollo de la musculatura de la mano, que repercutirá en una correcta precisión de agarre.
También influye en el desarrollo cognitivo y en la atención. Los estímulos que el bebé recibe en esta exploración provocan conexiones neuronales en su sistema nervioso, favoreciendo así su inteligencia.
El hecho de desplazarse significa separarse de la madre o figura de apego, algo muy importante para su maduración y autonomía.
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